Cultivo del Aloe Vera


Por su aspecto, se suele creer que el aloe es una especie de cactus. Sin embargo, esta planta perenne pertenece a la familia de las liliáceas, por lo que se encuentra emparentada con el ajo y la cebolla. Existen más de 200 tipos de aloe si bien sólo algunos de ellos tienen propiedades medicinales. Posiblemente la más eficaz es la 'barbadensis'.

Su cultivo en Canarias, donde crece de forma silvestre y es autóctona, es ya destacado. Además, el Archipiélago se presenta como un lugar idóneo para el desarrollo de la planta debido a su clima seco. El exceso de agua y el frío son, sin duda, los principales enemigos de la planta, de ahí lo limitado geográficamente de la extensión de su hábitat.

La planta está compuesta, básicamente, por un grupo variable de hojas que parten de un tronco central. A partir de éste crece esporádicamente, dos o tres veces al año, un largo tallo con varias ramas del que cuelgan sus flores amarillas. De la raíz central se ramifican otras pequeñas pero firmes que no profundizan mucho en el suelo para aprovechar toda el agua que en éste se deposite.

La estructura de la hoja es un núcleo gelatinoso y transparente envuelto por una fina capa líquida de color amarillo -llamado acíbar- protegido todo ello por la fina pero resistente corteza xerófila externa verde. Las más recientes investigaciones concluyen que el efecto conjunto de todos los elementos de la hoja producen un efecto sinérgico natural inigualado por ningún otro producto conocido.


El hecho más asombroso sobre aloe es su conversión en una próspera industria. Los países árabes fueron los primeros que la comercializaron. Más tarde sería la corona británica la que se aprovechara de su popularidad y creara un importante centro de producción en su colonia de Barbados. Su uso, sin embargo, estaba limitado por la dificultad de conservación del jugo, muy inestable y fácilmente oxidable. Esto impedía comercializar productos de aloe a gran escala y sólo se podía realizar en zonas concretas donde se cultivaba la planta. En 1965, Bill Coats, un farmacéutico de Dallas,Texas, inventó y patentó el primer proceso efectivo para estabilizar la pulpa de áloe. A partir de entonces, una amplia gama de compañías han comercializado centenares de productos de aloe.

En la actualidad su cultivo en las Islas se realiza sin la utilización de pesticidas o cualquier otro de tipo de sustancias químicas. Los Laboratorios Pejoseca S.L. propician una producción de carácter totalmente ecológico y en la actualidad gestionan para el aloe la certificación que así lo acredite.


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